¡FELICES FIESTAS!

CORAPLAX es una empresa familiar de ámbito medio con presencia multinacional dedicada a la fabricación de válvulas y accesorios en PVC. Como muchas empresas familiares su historia refleja superación, disciplina, pasión, esfuerzo, coraje, valentía, innovación, compromiso, determinación, creatividad, tenacidad y millones de horas de arduo trabajo. Por eso voy a contarla en primera persona. Soy Ernest Costales, hijo del fundador.
José Costales Santacana, mi padre, nació en Barcelona y destacó por ser un hombre trabajador, honesto y responsable. Fundó Coraplax en 1973, cuando yo tenía 12 años, aunque creó su primer negocio cuando vivía y estudiaba en Brasil, país donde sus padres establecieron su residencia.
Ya en España, como era un hombre emprendedor, decidió montar su propia empresa de inyección de plásticos y para ello dejó su trabajo de jefe de fábrica en una empresa dedicada a la fabricación de moldes e inyección, alquiló un local en Santa Coloma de Gramanet, compró una máquina pequeña de segunda mano e inició la fabricación de piezas utilizando toda la experiencia que ya atesoraba. Fue una época de mucho trabajo para sacar adelante a su numerosa familia ya que somos cuatro hermanos y todos dependíamos de él.
Un año después cuando ya había cumplido los cuarenta, un joven de veinticinco le propuso asociarse y ese día comenzó lo que sería Coraplax en el futuro.
Sobre mí, con doce años ayudaba a sacar piezas de la máquina todos los días festivos, los fines de semana y durante las vacaciones aunque ello conllevara levantarse a las cinco de la mañana, ya con dieciséis años empecé a trabajar como aprendiz en un taller mecánico mientras compaginaba el trabajo con los estudios. Posteriormente Coraplax trasladó su sede a Granollers.
A los dieciocho años entré a trabajar oficialmente en la fábrica de Coraplax. Mi padre era muy exigente y quería que nosotros, la familia, diéramos ejemplo a todo el equipo tanto conociendo todo el proceso de la fabricación desde abajo, como trabajando más que nadie, sin privilegios, como unos trabajadores más de la empresa. La exigencia era mayor por ser hijos del dueño.
Empecé en el taller de moldes dado que, al igual que mi padre, soy mecánico moldista y junto con mi hermana Antonia, que cuenta con más de 20 años de experiencia en multinacionales de diferentes sectores y que trabajaba en la administración de la empresa, intentamos modernizar y optimizar los procedimientos y la calidad de los productos, pero en aquel momento las ideas más clásicas de nuestro padre y de su socio se impusieron. Por tal motivo, decidimos seguir creciendo lejos del negocio familiar.
Esta experiencia significativa en la vida personal y profesional de ambos en Coraplax nos permitió seguir creciendo a nivel profesional y concretamente a mí continuar con mi oficio de moldista aprendiendo de otros maestros del PVC. De mi nuevo trabajo destacaría el cargo que ocupaba ya que era el director de la fábrica y también mi proactividad al buscar en todo momento soluciones y alternativas con el fin de mejorar el producto acabado.
En mayo de 2003 falleció mi padre, el hombre que me educó y del cual aprendí la disciplina del trabajo bien hecho y es entonces cuando decidimos darle continuidad al esfuerzo con que él había creado la empresa a pesar de que ello implicase abandonar nuestros proyectos. Volver fue un desafío para nuestras carreras en pos de potenciar la creación de mi padre. Fue muy duro para nosotros, testigos de lo mucho que mi padre trabajó para crear y hacer crecer Coraplax.

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